"He aprendido mucho de
mis estudiantes. Y creo
que he aportado
a sus vidas".

- Laura Santillán -


¿Qué te hace fuerte?



Laura Santillán

Le gusta pensar que el sol y la luna conversan amistosos cada mes, cuando ambos están “más cerquita” el uno del otro. Igual que el fréjol y el maíz. Porque ella es capaz de interpretar el lenguaje oculto de la Madre Tierra. En él encuentra sabiduría, paz y armonía.
María Laura Santillán Santillán (7/8/1964) nació y creció en la milenaria y otavaleña comunidad de Agato, en las faldas del volcán Imbabura. Indígena, artesana, chacarera, enfermera, profesora y líder comunitaria, se enfrentó a la estigmatización de quienes la repudiaban como madre soltera. Y con el paso de los años, hizo de su vida un viaje de aprendizaje y enseñanza en el que ella no es el personaje principal, sino todo aquello que la rodea.
Tomada de yachaywasi.com
La naturaleza reina en su mundo. Por eso siente el deber y el compromiso de protegerla. Al poco tiempo de graduarse en el colegio República del Ecuador de Otavalo, se mudó a Quito para perseguir su sueño de convertirse en doctora. Su anhelo era servir a su comunidad y trabajar por sus vecinos cuando más la necesitaran. Así logró ingresar en la Universidad Central, pero se vio obligada a dejarla una vez terminado el primer semestre debido a la difícil situación económica de su familia.
Aunque se sentía algo desanimada, no dio marcha atrás y decidió que serviría a su gente desde el activismo. Ahí la plata no marcaba las diferencias. Solo necesitaba implicación y constancia. Y andaba sobrada de ambas.
Entonces se incorporó a la Federación Indígena y Campesina de Imbabura (FICI) y, más adelante, a la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari) y a la Confederación de Nacionales Indígenas del Ecuador (Conaie). Incluso regresó a la universidad y concluyó su formación como enfermera auxiliar. Gracias a la entrega demostrada en su lucha por mejorar las condiciones de la población indígena, obtuvo el reconocimiento de lideresa en su comunidad, donde imperaba un férreo patriarcado.
Tomada de yachaywasi.com
Llegó a ser vicepresidenta de Agato, la primera y única mujer en ocupar este cargo. Pero también le tocó sufrir la estigmatización y el rechazo de muchos vecinos y de su propio padre, que se ensañaron con ella por ser madre soltera. “¡Qué lástima!” o “¡fue un castigo de Dios!” eran algunos de los dardos que le lanzaban y que la amedrentaron en un primer momento hasta el punto de no querer salir a la calle. Laura, con su determinación y empuje, logró revertir la situación. Y las ofensas se convirtieron en disculpas.

¿Cómo decidiste ser...?




En la intimidad, a menudo conversaba con la luna para que le ayudara a encontrar un compañero de viaje con quien compartir sus éxitos y fracasos. Y parece que el astro la escuchó. Porque conoció a Luis Fernando Chimba Simba, hoy su esposo y padre de dos hijos más que nacieron de su amor. La lucha los unió, casi por casualidad, en medio de una protesta en la capital. Él marchaba al frente del Movimiento Indígena de Cotopaxi (MIC); ella, de la FICI. Protestaban contra el modelo agroexportador ecuatoriano y reclamaban el derecho a la tierra de los indígenas, así como el respeto a su cosmovisión. Hoy ya no bregan en las calles, pero su causa continúa viva en las aulas.

Reportaje de diario El Telégrafo sobre educación intercultural.

Tomada de yachaywasai.com
En los años 90, después del levantamiento indígena, decidieron impulsar un modelo educativo basado en los saberes ancestrales, intercultural, bilingüe (en kichwa y español), inclusivo y participativo, en el que no se ignorara o discriminara el conocimiento de los pueblos indígenas.
A finales de esa década nació la escuela Yachay Wasi con tan solo tres estudiantes. Hoy tiene 70 de 1º a 7° de Educación General Básica. Sus “angelitos de la tierra”, como llama a los alumnos, llegan “cargados de sabiduría desde sus comunidades”. Porque cada pueblo “tiene su propio conocimiento local”. De hecho, está convencida de que el aprendizaje en el centro, donde los muchachos además colaboran en el cuidado de una chacra comunitaria, “es mutuo”.