Compartiendo lágrimas sinceras con sus adorados alumnos

Categoría: Ejemplares

Compartiendo lágrimas sinceras con sus adorados alumnos
María Teresa Maruri Castillo
8 de junio de 1951
Guayaquil
Docente
Quería enseñar “aquello de lo que no sabía”, justo al revés que la mayoría de sus colegas. Quizás porque siempre fue una rebelde. Pero esa rebeldía, que tantos problemas le había ocasionado de niña, le permitió conectar e identificarse con los cerca de 3.000 alumnos a los que adoró; la que le empujó a iniciar la carrera de Pedagogía con 36 años y dos hijos; la que le llevó a llorar “mil veces” al lado de sus estudiantes, cuando estos le abrían sus corazones.
María Teresa había cursado el Bachillerato Físico-Matemático. Pero renunció a su sueño de convertirse en arquitecta, se hizo profesora de Primaria y Secundaria, obtuvo un doctorado en Planificación y Evaluación de Proyectos y pasó la mayor parte de su vida profesional entre libros de Sociales, Lengua y Lectura.
Jubilada en 2017, sigue implicada en la docencia con la terapia visual, que se centra en el uso correcto de los ojos para mejorar el aprendizaje. Y además de recordar sus 26 años en el Colegio Menor San Francisco de Quito, el Liceo Internacional y el Colegio de la Inmaculada, aún es capaz de enumerar las principales islas japonesas, que memorizó para su primera clase porque sus conocimientos de Geografía eran casi nulos. “Hokkaidō, Honshu, Kyushu y Shikoku.”, cita con emoción contenida.
Compartiendo lágrimas sinceras con sus adorados alumnos

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